¡Nunca pongas la llave de tu felicidad en el bolsillo de otro!

Parecía que iba a ser un día de clases como cualquier otro, pero cuando llegué a la  U esa mañana me encontré con una agradable sorpresa:  en la puerta de cada salón alguien había pegado notitas tipo “Post-it” de colores con pensamientos sobre la felicidad.  

Sobre la primera puerta leí: “La felicidad no depende de lo que nos falta, sino del buen uso que le damos a lo que tenemos”.  
Sobre la siguiente: “Si la felicidad no llama a tu puerta… ¡comprueba que el timbre funciona!”
¡Me gustó tanto que fui de salón en salón solo para leer estos pequeños “nuggets” de sabiduría!  

Pero  el que más resonó conmigo, no sé porqué,  fue el que pegaron en la puerta de mi salón:  “Nunca pongas la llave de tu felicidad en el bolsillo de otro”.

Quizás porque expresaba de manera sucinta, pero poderosa, una gran verdad que necesitaba escuchar otra vez:  Yo soy responsable de mi propia felicidad.   

Demasiadas veces he permitido que el clima, el estado de ánimo de otras personas, el tráfico,  mis finanzas, mi salud o las circunstancias de la vida controlen  mi paz interior. 

¡Cuántas veces le he echado la culpa a factores externos de algo que estaba –y aún está– totalmente bajo mi control!  No, no puedo controlar las circunstancias ni las acciones de otros, pero siempre puedo controlar mis reacciones a ellas.    (Si quiere ver un ejemplo de este principio en acción en una situación diaria pulse aquí). 

Tu actitud es una elección.  Siempre es una elección.  Y la elección es tuya.    Tú decides cómo vas a responder a lo que sucede a tu alrededor.  El apóstol Pablo nos da la clave de cómo lograrlo: 

“…He aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación.  Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad.  Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”.  Filipenses 4:11-13

Pablo había aprendido a no poner la llave de su felicidad en el bolsillo de ninguna persona o circunstancia.  ¿Cómo? Hallando fuerzas en Cristo. 

Supe luego que los “Post-its de Felicidad” fueron  obra de unos estudiantes como parte de un proyecto.  ¡Gracias, queridos estudiantes, por esa bienaventurada iniciativa!  Y gracias, Señor, recordarme de este importante principio de una manera tan especial. 

Tú decides en qué bolsillo vas a poner la llave de tu felicidad.  En cuanto a mí, he decidido que nunca más pondré la mía en el bolsillo de otro”.  ¿Y tú?

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