Imagina a un niño sembrando una semilla… y luego desenterrándola todos los días para ver si está creciendo. ¿Disfrutará ese niño algún día del fruto? Claro que no. Sin embargo, muchas veces… hacemos lo mismo espiritualmente. Nuestra responsabilidad es sembrar la semilla con fe por medio de la oración. La responsabilidad de Dios es producir la cosecha. Pero a menudo…
