Convertir el Fracaso en Éxito

Aprender a lidiar con el fracaso es uno de los pasos más importantes de alcanzar el éxito.    El fracaso es doloroso, a nadie le gusta, nos hace sentir que somos perdedores, pero es absolutamente necesario para alcanzar el éxito. 
Quiero contarles una de mis experiencias más dolorosas con el fracaso como docente.  

Pero primero, permítame invitarte al webinario sobre el tema Convertir una Pérdida en una Ganancia, para este sábado 29 de agosto a las 7:00 pm.  

BONO ESPECIAL:

También recibirás GRATIS como un bono al registrarte, una copia de mi libro “Controle su Enojo” donde aprenderás una técnica sencilla pero efectiva de manejar el enojo. Algo que pienso que es muy importante, especialmente en estos tiempo de cuarentena.  

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Ahora a mi historia: 

Una de mis experiencias más dolorosas con el fracaso fue mi primer año como docente.  (¡Todo docente recuerda su primer año de clases!).   Fue dando clases de Matemáticas a estudiantes de 7mo y 11mo grado en una prestigiosa escuela judía en ciudad de Panama. 

Yo venía con 33 años años de experiencia como ingeniero en telecomunicaciones para ahora dedicarme a la docencia.   Fui con ganas de enseñar. Estaba totalmente convencido de que haría una diferencia en el corazón y la mente de los jóvenes a los que estaba a punto de educar.  

Recuerdo como sonreí con orgullo cuando uno de mis estudiantes me preguntó: “Profe Wesley, por qué dejaste la ingeniería para ser un maestro?”  Y, le respondí: “¡Porque los radios y antenas no tienen alma!”  Tenía el sueño de ser una influencia positiva en los líderes de la próxima generación.  

Pero ese sueño rápidamente se convirtió en una pesadilla de desesperación, frustración y estrés al experimentar la realidad de que muchos de estos muchachos sencillamente no tenían el menor interés en aprender y mucho menos Matemáticas.   Fue difícil y duro. Muy duro. 

Para el primer mes de clases el manejo del aula se había vuelto todo un desafío.  Solía ir a casa por las tardes frustrado porque estos estudiantes traviesos podían salirse con la suya, y parecía que no había forma de lidiar con ellos.  Nada me funcionaba.  Me sentía como un total fracaso.   ¡Cómo anhelaba que tocara el timbre indicando el fin del suplicio de la clase!   ¡Cómo odiaba los Lunes y amaba los Viernes! ¡Cómo suspiraba que llegara el próximo día libre!

Recuerdo que después de un día particularmente difícil, tuve una reunión con alguien del departamento de Psicología y mi supervisor.    Me sentía tan abrumado que tuve que excusarme, ir al baño sentarme sobre tasa del inodoro y llorar.  ¡Hey, los radios y antenas no tienen alma, pero no se portan así!  Destrozado, pensé que mi sueño de hacer una diferencia en los lideres de la próxima generación se había acabado.  

Siguiendo consejos y haciendo ajustes, sobreviví y logré terminar el año escolar.  Y saque valiosas lecciones, que han puesto el fundamento de mi carrera como docente hoy.  Al mirar atrás, veo que fue un tiempo valiosísimo  de preparación.  Permíteme compartir solo algunas de las valiosas lecciones que aprendí:

  1. Confianza en sí mismo es crucial.  Una de las cosas que perdí rápidamente fue mi confianza en que podía hacer un buen trabajo como maestro. Mi confianza fue sacudida hasta la médula.  Tuve que trabajar duro para recuperarla, confiando en el respaldo de Dios.  
  2. La preparación es esencial.   Nadie, y especialmente los estudiantes, tiene respeto por maestros o lecciones pobremente planeadas.  Es importante preparar mis clases según los objetivos a largo plazo, no la supervivencia del día. Tener un plan semanal brinda una perspectiva a largo plazo y flexibilidad a corto plazo.
  3. Conoce tus limitaciones y respétalas.  Mirar constantemente al reloj era claro indicio de que no estaba en mi zona de fortaleza. Lidiar con niños y tratar de crear un ambiente estructurado de aprendizaje ¡no es lo mío!  Por eso mi enfoque se ha ido más a la enseñanza de jóvenes adultos a nivel universitario donde el manejo del aula es menos crítico (aunque sigue siendo importante). 

A pesar de todo, logré salir por la puerta de enfrente y la frente en alto.  Me fui sin resentimiento alguno contra los niños, directivos ni compañeros.  Gracias a Dios, sólo tengo gratos recuerdos y sobretodo muchas experiencias y aprendizajes. 

Pero estas lecciones sólo fueron posibles porque tomé tiempo para meditar sobre ello y sacarle el jugo al fracaso.  El sabio Salomón dijo:

En el día del bien goza del bien; y en el día de la adversidad considera. Dios hizo tanto lo uno como lo otro…. 

Ecclesiastes 7:14

En otras palabras, cuando ganas, ¡disfrútalo!  Si pierdes, ¡aprende!

 ¡Bendiciones!

¡Nos vemos en el webinario!

Wesley Jones

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