¿Quién te dijo eso?

Después que Adán pecó, se escondió de Dios. Cuando Dios lo llamó, Adán respondió: “Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí” (Génesis 3:10).

Entonces Dios le hizo una pregunta profunda: “¿Quién te enseñó que estabas desnudo?” (Génesis 3:11).

En otras palabras, Dios le estaba diciendo: “¿Desde cuándo tu desnudez es un problema?”

El capítulo anterior termina diciendo: “Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban” (Génesis 2:25). Adán siempre había estado desnudo. No tenía nada que esconder delante de Dios. No tenía nada que esconder delante de Eva. Vivía en libertad, transparencia e inocencia.

Pero ahora algo había cambiado.

El problema no era simplemente que Adán estaba desnudo. El problema era que alguien le había dado una nueva interpretación de su desnudez. Alguien le hizo creer que ahora debía sentir vergüenza, miedo y necesidad de esconderse.

Por eso la pregunta de Dios es tan importante: ¿Quién te dijo eso?

Dios no solo estaba confrontando la conducta de Adán. Estaba confrontando el origen de su creencia.

Y esa sigue siendo una pregunta necesaria para nosotros hoy.

¿Cuántas ideas hemos aceptado como verdad sin detenernos a preguntar de dónde vinieron?

Tal vez has escuchado pensamientos como estos:

  • “No puedes.”
  • “No eres suficiente.”
  • “Dios no te ama.”
  • “Nadie te quiere.”
  • “Nunca vas a cambiar.”
  • “Eres un fracaso.”
  • “Tu vida no tiene propósito.”
  • “Dios no puede usar a alguien como tú.”

Pero antes de aceptar cualquier pensamiento como verdad, debes hacerte una pregunta: ¿Quién me dijo eso?

Porque no todo pensamiento que pasa por tu mente viene de Dios. No toda voz que escuchas merece tu confianza. No toda idea que parece cierta está alineada con la verdad de la Palabra de Dios.

La manera más efectiva de combatir los pensamientos negativos no comienza simplemente tratando de ignorarlos. Comienza identificando su origen.

¿De dónde salió esta idea?
¿Quién me enseñó a verme así?
¿Esto viene de Dios o viene de una mentira?

Y después de identificar la mentira, debemos reemplazarla con la verdad.

Jesús dijo:

“Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:31-32).

La libertad comienza cuando la verdad de Dios confronta la mentira que hemos creído.

Por eso, no basta con decir: “Voy a dejar de pensar así.” Necesitamos reemplazar la mentira con la verdad de la Palabra de Dios.

Por ejemplo:

  • Rechazo el pensamiento: “Dios no me ama”, con la verdad: “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8).
  • Reemplazo la mentira: “No puedo cambiar”, con la verdad: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13).
  • Resisto la idea: “Mi vida no tiene propósito”, con la verdad: “Somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Efesios 2:10).

La mentira esclaviza, pero la verdad libera.

La mentira te empuja a esconderte. La verdad te llama a salir a la luz.

La mentira te define por tu vergüenza. La verdad te define por lo que Dios dice de ti.

Por eso, la próxima vez que un pensamiento venga a acusarte, limitarte o alejarte de Dios, no lo aceptes automáticamente. Detente y pregunta:

¿Quién me dijo eso?

Si no viene de Dios, no lo recibas.

Rechaza la mentira y reemplázala con la verdad de Su Palabra. Esta semana identifica un pensamiento que te ha estado limitando, busca lo que Dios dice al respecto, créelo y decláralo.

La verdad de Dios sigue haciendo libres a los que permanecen en Su Palabra.

Recurso relacionado:
Señor, ¿Eres Tú o Solo Soy Yo?

Una guía bíblica, pastoral y práctica para ayudarte a conocer la voz de Dios con mayor claridad y confianza.

Disponible en: Mateo724.org y Amazon.

Leave a comment