
Hay momentos en un partido donde todo se detiene.
El jugador avanza. La multitud grita. La tensión sube. Pero, de repente, después de una jugada brusca, el árbitro levanta la tarjeta roja.
En ese instante, ya no importa la emoción del jugador, la presión del estadio ni la opinión de la multitud. El árbitro ha decidido: ese jugador no sigue en el partido.
Esa imagen nos ayuda a entender una verdad espiritual muy profunda:
“La paz de Dios gobierne en vuestros corazones…”
Colosenses 3:15
La palabra traducida como “gobierne” lleva la idea de alguien que dirige, decide o arbitra. En otras palabras, Dios quiere que Su paz funcione como un árbitro dentro de tu corazón.
No toda puerta abierta viene de Dios.
Una oferta de trabajo puede aparecer de la nada: más dinero, mejor posición, más beneficios… pero sin paz.
Una relación puede llegar justo cuando te sientes solo: atractiva, disponible, emocionante… pero alejándote de tus valores y de tu caminar con Dios.
Un socio de negocios puede hablar de grandes planes, grandes números y grandes oportunidades… pero sin integridad.
No confundas una puerta abierta con una bendición. A menudo, la diferencia entre una bendición y una trampa es la paz.
Una bendición puede asustarte, porque quizá te reta, te saca de tu zona cómoda o te exige fe. Pero no va a inquietar tu espíritu de una manera profunda.
Una trampa, en cambio, puede emocionarte. Puede parecer perfecta. Puede tener buen aspecto, buen “timing” y buena explicación. Pero algo dentro de ti simplemente no hace “click”. No se siente bien.
Muchas personas ignoran esa inquietud porque la oportunidad parece demasiado buena como para dejarla pasar. Y así es como algunos terminan en el matrimonio equivocado, el negocio equivocado o el lugar equivocado.
Pero también ocurre lo contrario.
Puede que la oportunidad que estás contemplando esté llena de obstáculos. No todo se ve fácil. No todo está claro. No todo el mundo lo entiende. Sin embargo, en lo profundo de tu corazón hay una paz que no puedes explicar. Una seguridad quieta. Una convicción serena.
Es como si Dios susurrara:
“Este es el camino, andad por él.” Isaías 30:21
Ahora bien, la paz de Dios nunca contradice la Palabra de Dios.
No estamos hablando de usar “siento paz” como excusa para desobedecer. La paz de Dios siempre trabaja en armonía con la Escritura, con el carácter de Cristo y con la dirección del Espíritu Santo.
Por eso, antes de caminar por una puerta, no preguntes solamente: “¿Está abierta?”
Pregunta también: “¿Tengo paz?”
Porque no toda oportunidad es una invitación. Algunas son trampas con buena iluminación.
Deja que la paz de Dios sea el árbitro. Y cuando esa paz saque tarjeta roja, no discutas la decisión. Detente.
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